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La Coctelera

Diario de a bordo

Lo malo del pasado es que tiene teléfono móvil

10 Noviembre 2005

Y se te queda una cara de gilipollas...

Ayer a las 15:00 recibí una llamada suya. El inconfundible "Serpiente con tacón" la identificaba, y es que algo parecido a esa canción era lo que yo sentía por ella.
- Hola ¿Quieres que quedemos a tomar café?
Quedamos a las 16:15, pero ella llegó un cuerto de hora tarde. Discutía con el Action Man por teléfono. Situación bastante familiar, tantas veces habíamos pasado ella y yo por trances así... Terminó y nos fuimos a un bar. Coca Cola y Caña sustituían el trago amargo del café.
- ¿Pues no se pone a discutir conmigo porque le he dicho que me voy a arreglar hoy una falda para llevarla mañana a clase? Me dice que si creo que eso es normal.
- Joder con el militar, parece del Opus. Éste es un poco posesivo, si estáis así siendo amigos, no me quiero imaginar si algún día llegáis a ser novios...
- No... si es que ya estamos saliendo.
Y claro, me quedé pensando ¡¡¡¿¿¿???!!! si es que se puede pensar algo así. Si no entendéis mi asombro, seguid leyendo:
- O sea, que conoces a un chico de Navarra hace un mes en una discoteca porque está de boda en Madrid, hablas con él 10 minutos, que ni siquiera os enrollásteis, te pide el número y a base de una serie de llamadas ya estáis saliendo.
- Pues sí... si es que cada vez voy a peor, qué vida más triste la mía.
Seguimos hablando sobre el tema largo y tendido. Me comentó que incluso habían llegado a tener sexo telefónico. A lo que lleva la desesperación. Claro, que yo también tenía mi delito al mentir diciendo que estaba saliendo con otra, tan sólo para herir más su orgullo.
- No sé, pero ahora cuando me enrollo con uno o con 40 me doy cuenta de que no me estimule nada, que yo lo que necesito es alguien para... hablar, tener un cómplice de mi vida al lado...
Ahora, hija de puta, te das cuenta de lo que has perdido, que la vida no gira sólo en torno a los 5 minutos del polvo sabadeño, que en esta vida hay que estimular el corazón, la cabeza y la entrepierna. Te das cuenta que me tienes al lado pero jamás volveré a ser tuyo. Cambiaron las tornas, ahora eres tú la que está enamorada y yo el que pasa de todo; incluso si me lo propongo podría jugar una buena temporada contigo y luego dejarte en la estacada como tú hiciste allá por junio.
- ¿Y a ti que tal te va con la chica esa?
- Bueno, nos va, pero aún no hay nada serio. Se podría decir que aún no estoy colgado por ella.
- ¿Y por mí lo estuviste?
Qué quieres que te conteste que no sepas, gilipollas ¿Fue casualidad que tuviera una temporada de depresiones sin salir apenas de casa llorando todo el día en la cama? ¿Es acaso una pregunta retórica lo que me acabas de formular?
- Hombre, pues tú sabrás, si hemos estado tres meses podrías deducir lo que he sentido por ti.
Salimos del bar y nos encaminamos hacia su trabajo. Quedamos para este mismo sábado, quemaríamos Madrid y se desquitaría de sus antiguos vicios, cuando aún era la chica BBC. Y si pasa algo, que sepas, aunque nunca vayas a leer esto que estoy escribiendo, que todo será puro teatro; que el mismo daño que tú me hiciste en el pasado te lo podría hacer yo ahora perfectamente, y no me dolería, porque si ahora soy un poco cabrón es porque tú me hiciste a tu imagen y semejanza.

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24 Octubre 2005

Aún no recuerdo qué edad tenía al nacer...

¿Serían las últimas palabras de su boca que oiría en mi vida?


Pero si has de follar conmigo, fóllame hasta el corazón, pues follar no consiste sólo en meter y sacar, sino en sentir algo bien bonito a la hora de meterla hasta el fondo.

Sinceramente la extremeña me ruborizaba con cada comentario que soltaba. Políticamente incorrecto, pero verdades como puños.

Penúltima parada de la línea 3. Su viaje tocaba a su fin. Sin valor de pronunciar palabras audaces y confundiéndome en los cálculos sobre la probabilidad de que siguiera conmigo, miré a otro lado, convirtiéndome en un sucedáneo de tipo duro.
Hallando un vacío donde antes hubo un corazón.

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4 Octubre 2005

Carta de Alemania a España: Letanía del muro de Berlin a la valla de Melilla


Querida hermana España:
Espero que a la llegada de esta carta te encuentres bien, yo ando bien por suerte.
Es ahora que te escribo cuando me doy cuenta el tiempo que ha pasado en la historia de la humanidad, bastante poco si se compara con la historia del planeta o del universo, pero tiempo al fin y al cabo.
Tiempo que va, tiempo que no vuelve, tiempo que no se debe olvidar, tiempo del que hay que aprender, pues lo único tangible es el presente, pero recuerda que somos presente porque tuvimos pasado.
Y es lo que tiene el pasado, que nunca se puede negar ni modificar, para bien o para mal esa lacra imberbe nos pertenece como un hijo. Y es ahora que te escribo, querida España, cuando veo que no te reconozco, que por mucho que pase el tiempo nunca terminas de conocer a nada ni nadie, que siempre queda algún rincón que quedó a sombras de la sociedad.
Oh España, prostituta de la historia, es ahora que te escribo cuando veo que no te reconozco, que nunca tuviste ojos para nadie más que para ti, que hace apenas cinco siglos te creías el centro del cosmos y en apenas dos reinados te viste en harapos, pidiendo ayuda a cambio de seguir teniendo un nombre con el que presumir, y es lo que cuesta la fama: esfuerzo, sacrificio y, a veces, cómo decirlo... prostitución.
Oh España, es ahora que te escribo, quién te vio y no te recuerda. Prostituta de la historia, desde que naciste fuiste violada por romanos, godos, cartagineses... de la historia hay que aprender que de España sólo tienes el nombre, que como mujer libre eres, que no eres la mujer de la vida de nadie puesto que eres la mujer de tu propia vida.
Es ahora que te escribo, oh España, cuando recuerdo que alguien robó tu inocencia altamiriense, de campos de cultivo y comienzos de domesticación animal. Prostituta de la historia, jugaron contigo, fuiste desvirgada por vándalos, celtas, alanos... cambiaron tu papel en esta divina comedia, y si embargo seguiste creyendo en el amor en tu pubertad y adolescencia.
Alguien predijo, oh España, un futuro de esperanza y buenaventura. No te reconozco, siglos después un loco vio al final de la línea del horizonte, donde el mar se junta con el cielo, una tierra virgen y gente hospitalaria con la que resarcirse por el daño que te habían hecho en el pasado. Porque la persona a la que se le roba la dignidad en su dorada inocencia crece muy rápido, insensible, y repite lo que en su propia casa vio como banal y normal.
Orgías de los siglos XV y XVI, no te reconozco, oh España. El sol no se pone en nuestro imperio, dices; los demás te miramos sin respeto, conocedores de que no hay mal que cien años dure. América llora sumida en una pesadilla de dioses ficticios; allá donde fueres, haz lo que te hicieren. No, España, es ahora que te escribo cuando veo tu sadismo por naturaleza. Vaciaste el estómago de aquella tierra que, como tú y como yo, sólo es América en el nombre. Dejaste en esas tierras una hemorragia de sangre latina que no cesó en mucho tiempo. Te llevaste su plata como si te perteneciera. El sol no se pone en nuestro imperio, las riquezas salían de España apenas entraban y toda Europa te hacía reverencias en la cara y soltaban risas sarcásticas por la espalda.
No te reconozco ahora que te escribo, oh España. Impasible viste como Francia tomaba tu pluma y empezaba a escribir las nuevas páginas del cuaderno de la historia. Impasible viste que no hay bien que cien años dure, que con el Reino Unido se repartían un imperio que comparativamente dejaba al tuyo a la altura del betún como soléis decir por esas tierras.
Oh España, recuerda los siglos de transición, revoluciones, matanzas. No reconocíamos a Europa ¿Y todo por qué? Por cambiar o dejar tal cual unas fronteras que nunca existieron. Europa también lo es sólo en el nombre.
Oh España, no te reconozco, llega el siglo XX y yo caigo también en la tentación, creo ver la unidad mundial bajo una sola raza, mis enanos crecen como rubios, de ojos azules y cara simétrica, la perfección hecha realidad con odio en vez de sangre en las venas. Mis hijos fueron grandes fracasos fruto de la ignorancia, hubo un momento de máximo esplendor, pero nadie recordará esa etapa como positiva en la historia porque nunca lo fue. Mientras dejabas tu legado en manos de un idealista de pastel, gordo, bajito, feo y un tanto afeminado que también se las traía.
Pero si hay algo que recordar, oh España que ahora te escribo y no te reconozco, fue la solidaridad grandiosa e impagable del pueblo argentino y en menor medida la del pueblo francés. A toda aquella gente que os recibió con los brazos abiertos cuando más lo necesitabais; vosotros, que únicamente pedíais vivir dignamente, fuera de sistemas dictatoriales y con un mínimo de dignidad. Argentina ganó el respeto de una España que siglos atrás había campado a sus anchas por aquellas llanuras y montañas sembrando el terror que representaba un dios de madera. Nos lo dieron todo sin pedir nada a cambio.
Ahora que te escribo veo que ha pasado medio siglo más o menos, oh España, y no te reconozco. Ahora África, sólo en nombre, pide tu mano y tu le escupes en la cara. Gente que no tiene nada, no se sabe si nada que vender o nada que perder como dijo un poeta incomparable engendrado en tu tierra, que no es tuyo, no te pertenece, recuerda que eres España sólo en nombre. Hubo tierras que se hicieron llamar españolas en su tiempo. De ellas no os queréis acordar, puesto que no os aportan ningún beneficio material a día de hoy. Os aportan muchas vidas que conocer, España, aprende del pasado, aunque sea del más cercano, no te reconozco.
Recuerda que eres España sólo en nombre, que tras la línea fronteriza que dibujaron tus hijos se puede palpar la misma tierra, las mismas personas, el mismo olor a tierra mojada tras la lluvia y la misma esperanza de encontrarse un día mejor tras uno tormentoso. La misma ilusión de ir a mejor en esta vida corta y perecedera, aunque sea recorriendo kilómetros por tierra y millas por mar. Irán a parar a la misma tierra, pero con condiciones más saludables para prosperar en el río de su vida.
Oh España, tal vez el muro que tuve en Berlín sea una de las cosas que recordaremos del siglos XX en la historia negra de la humanidad. Dividió durante años a la misma tierra, con las mismas personas aún divergiendo en ideología política. Todas en busca de un nuevo amanecer, con una familia que mantener y con sueños que cumplir. Ahora que te escribo compruebo orgullosa que todo aquello forma parte de un pasado, que llegado un día se comprendió que era una atrocidad separar personas por intereses políticos, que todos éramos iguales al tener un cerebro, un corazón y una entrepierna a los que estimular para tener ilusiones mientras estuviéramos vivos. Y sin embargo, oh España, ahora que te escribo sigues creyéndote la puerta de Europa, de la felicidad trivial occidentalista, y te crees con derecho a levantar dieciséis años después una valla aún más grande que el muro de Berlín. Orgullosa de la necedad que proclamas como bandera, construyes un esqueleto metálico con dientes que van despedazando la vida e ilusiones de todos aquellos que quieren ser personas sea el lugar que sea.
Mientras, en los grandes centros empresariales y políticos, los cerdos fascistas se dan palmaditas en la espalda y se felicitan por apoderarse de lo que no es suyo. Ignorantes yuppies con traje de manga larga incluso en verano, tal vez sea porque tienen mucho que esconder en su interior y no quieren pregonarlo. La corbata que tienen les ata el traje al cuello, tal vez para no despedir el hedor de la vergüenza que, supuestamente, tienen cuando contratan mano de obra barata e ¿ilegal?, esa misma que pudo sobrevivir a los dientes de la bestia que se ha asentado ahora en Melilla o no se ahogó al cruzar el gran charco atlántico o el escupitajo en el suelo que supone un estrecho entre la sociedad europea y la africana.
Pan para hoy, hambre para mañana, oh España, no te reconozco y parece una utopía que suceda en estos tiempos, pero ¿Qué pasaría si la Historia siguiera su curso dándote la espalda y tendiéndole la mano a África en materia económica y de bienestar? Tal vez esa bestia metálica que habéis adoptado a modo de perro guardián y que os “protege” de la escoria negra un día se vuelva contra vosotros y os devore antes de poder pasar a un sitio donde vivir mejor.
Abre tus puertas, España, abre tu corazón, no te reconozco.

Dedicado a la gente que muere en su camino hacia una vida mejor. No os olvidamos, hermanos.

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29 Septiembre 2005

Un verano que fue una pesadilla...

- Estoy conociéndola. La verdad es que es muy maja, podría decirse que compenetramos muy bien y... cómo decirlo... tiene ese no sé qué en la mirada con el que no necesita articular palabra, lo dice todo estando en silencio.
- Tíratela - Dijo el aprendiz de Ultra-Sur interrumpiendo mi manifiesto de presentación.
- Pero vamos a ver, pedazo de burro, te repito que estoy conociéndola. Aquí las cosas, o se hacen bien, o no se hacen, porque para hacerlas rápido y mal...
- Vamos a ver, niñato, tienes 21 años y todavía te queda mucho por conocer. Ten en cuenta que esta chica no va a ser la mujer de tu vida, eso te lo puedo asegurar. Esta piva y las sucesivas que tengas van a ser, cómo decirlo, unas prácticas con las que no te dan créditos, pero que te van a servir de preparación al examen final que es vivir en pareja.
- Pero creo que hay que dejar un margen de error para saber si realmente quiero a esta chica como persona. Hacer el amor con ella puede ser la cumbre de lo nuestro, no quiero que quede como lo más superficial entre dos personas. Nunca fui partidario del sexo sin amor.
En ese momento se creó un intervalo de tensión. Hubo una cuarta parte de segundo en que todas las personas que estaban en la cafetería tomaron aire a la vez para seguir hablando, quedándose en silencio toda la sala, y eso que había más de cincuenta personas. Nos quedamos mirando los unos a los otros admirados de ese fenómeno que, según datos estadísticos, sucede una vez cada veinticinco años. Realmente no sabía si alguien aparte del Ultra-Sur había escuchado mi última sentencia.
- No eres complicado ni nada, tío ¿No dices que esa chica se deja besar? Pues tíratela. Voy a hablar como te gusta a ti: Si vas a tener que desperdiciar un año de tu vida en intentar entrar hasta el fondo de su alma estamos servidos. Además, tal vez esta tía te ayude a olvidar el maldito escollo que tuviste con la zorra esa este año. Tíratela, y si las cosas salen mal, rectifica. Para algo se crearon los lápices con goma en la parte opuesta.
La extraña paradoja de los lapiceros con goma volvía a saltar a escena. Las dos caras de cada uno en juego, y la mía a escena. Dos caminos a escoger y ninguno vislumbra un final muy claro

¿Tú qué harías?

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20 Septiembre 2005

En una pequeña ciudad llamada Móstoles, una tarde de verano...

Y tal vez tenía razón esa persona que dijo que madurar es aprender a despedirse, que nada es eterno en esta vida, que hay que aceptar el perderlo todo.

No sé realmente quién dijo esto que acabo de escribir. Fuera quien fuera, me gustaría conocerle y tomar unas cañas por la ciudad. Seguro que debe decir verdades como puños.

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27 Agosto 2005

Septiembre aún es verano

Bueno, bueno, bueno. ¿Cuántas veces hemos leído en los blogs aquello de:


ey, os tenía abandonados chicos, si es que el tiempo, las vacaciones, mi ex-, mis cosas, mi trabajo...

Para qué poner eso si se supone por la ausencia marcada en la red, sólo hay que fijarse en las fechas de los artículos.

Pues sí, llevo algo así como un mes sin escribir aquí, entre que tengo que estudiar para lo exámenes de septiembre y apenas he estudiado, que ando de un lado para otro por la geografía española intentando descubrir qué es lo que me pasa, por qué últimamente ando de capa caída y estoy un tanto insoportable con mi gente (aunque cada día que pasa veo que la respuesta es más evidente). Otra razón más relevante es que tengo el ordenador un poco estreopeado y se me ha borrado la conexión a Internet, por lo que me meto una vez por semana en un desvencijado ciber-café de mi barrio que va a cerrrar en breve porque un friky del Counter Strike y yo somos sus únicos clientes, y ya me podéis ver escribiendo a toda prisa antes de que termine mi tiempo de conexión, con la barra espaciadora jodida (de ahí que aparezcan palabras juntas) y escuchando un cantante meloso italiano (no sé si Zucchero o Marco Massini) para deprimirme aún más.
Y la razón principal es que estoy engendrando mi segunda novela, que para mí es tan importante como si fuera una segunda hija. El día en que nos fallamos, la historia de Javier en un barrio tan castizo como Lavapiés, donde cinco años después se reencuentra con Silvia, que a pesar de los años, sigue cometiendo los mismos errores - véase Antonio, el Ñito -. Contada desde dos estructuras distintas, en poco más de tres meses, Javier se da cuenta que tiene que apartar los recuerdos de su vida y saber distinguir entre el amor de benevolencia y el amor de concupisciencia, convirtiéndose en algo así como un ángel de la guarda de la gente que no supo avanzar en su vida. Líos de drogas, un asesinato y el intento de apoderarse con trescientos millones de las antiguas pesetas completan esta trama en busca de un principio que me ha hecho reescribirlo tres veces. Necesito un comienzo que aún no se ha aclarado, aunque sea de alquiler.
En cuanto a los exámenes... veré lo que se puede hacer, Septiembre aún es verano. Que me quiten lo bailao.

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29 Julio 2005

El mar sigue esperando

Fue un verano de 2002. Segunda quincena de julio, 2 largas semanas en la playa con mi padre y su nueva familia. Tal vez haya sido a partir de entonces cuando haya empezado a llevarme un poco mal con mi viejo. Por las mañanas, playa. Comida en el típico restaurante chiringuítico-playero con paella terrosa y pan duro. Por la tarde playa, helado Camy de tres sabores y piscina para quitarse la sal del cuerpo. Por la noche cena en un restaurante distinto cada vez - todo sea por no mostrar las escasas aptitudes de cocina tanto de mi padre como de su mujer - y a casa a dormir. Días cuadriculados, no se hacía nada si a su mujer no le interesaba. Bonita perspectiva de vacaciones, gritaba para mis adentros, hasta que una noche dije que me iba a dar una vuelta.

Quedaban 3 días para irme de vuelta a Madrid cuando pasé por el cine de verano Costablanca. Y ahí estabas tú. Apoyada en la pared, fumándote un cigarrito, indiferente a tu alrededor. Me quedé mirándote fijamente. Te diste cuenta, tú también me miraste, miradas fijas durante unos diez segundos hasta que yo desistí (no sabes qué penetrante podía llegar a ser, quemaba seguir aguantando tu mirada). Volví a mirarte y tú me correspondiste. Aquello era un poco violento, creía que me ibas a tomar por un vouyeur o un pesado, así que decidí irme. Empezaste a silbar cierta melodía que me resultaba familiar, pero no pude reconocerla. No me volví a mirarte.

Nadie se puede enamorar en un segundo, con una simple mirada, me dije aquella noche. Pero es que a la siguiente te volví a ver, y eso sí que es coincidencia si no señal del destino en un pequeño pueblo que en verano alcanza las 30.000 personas. Allí estaba yo, paseando por la playa como cada noche antes de irme a acostar, y de entre la nada apareciste tú con esos pantalones de lino que iban acariciando la arena. Arqueaste ligeramente las cejas cuando me viste ¿Alguien se puede enamorar en un segundo?

- Hola ¿Estás sola?

Patético, peor comentario para romper el hielo no se me podía haber ocurrido, encima título de película, ni que fuera una puta.

- Mmm... sí, pero me iba a casa.

A partir de ahí salieron palabras más inspiradas con tal de retenerte. No sé cómo lo conseguí, tal vez los dos ansiabamos compañía, pero cinco minutos más tarde estabas sentada junto a mí, frente al mar. Sin conocernos empezábamos a saber el uno del otro. Silvia y José, Tú de Palencia, yo de Madrid, solteros, rozando la veintena de edad - tú un año mayor que yo - y de vacaciones con nuestras respectivas familias. El punto en el que empezamos a intimar no lo recuerdo muy bien, tal vez cuando estuvimos hablando de nuestras relaciones anteriores o de lo que buscábamos en el sexo opuesto. Acostumbrado a irme a eso de las tres a mi casa, esa noche empalmó con el amanecer. Tú te estabas durmiendo, como la luna en el horizonte ¿Cómo surgió? ¿Quién tomó la iniciativa? No sé. Nos besamos. Y nos volvimos a besar, esta vez más apasionado y de mayor duración. Hay quien sostiene que se puede hacer el amor con la mirada. Quizás deberíamos dejar de ser tan superficiales, quizás tenga razón esa persona, quizás diga verdades como puños.

- No me gustaría que esto acabara esta noche ¿Podría volver a suceder?

Tú asentiste convencida. El destino juega pasadas, te habían robado el móvil y la única llave que tenía para poder contactar contigo una vez en la capital era tu correo electrónico. Quedamos en el mismo lugar de la primera vez a la misma hora. Quizás de nuevo el destino hizo que el día siguiente lo pasara al completo en Elche, llegando con media hora de retraso a nuestra cita y no encontrándote allí.

Ya no volví a saber de ti. Con el tiempo dejé de tener correspondecia contigo hasta que un día vi decepcionado que tu cuenta había caducado. Mientras salía de Guardamar veía a través de la ventanilla los recuerdos que se alejaban: La playa, la gente, el cine Costablanca, los puestos, el castillo, el silbido de Silvia, mis diecinueve años.

Este año he vuelto a la playa. Dos años han pasado y no he vuelto a saber nada de ti ¿Fuiste un sueño, una fantasía de mi mente? ¿O fuiste una realidad? No sé, pero te agradezco que aparecieras en mi vida, tal vez contigo volví a recuperar la esperanza en el amor.

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26 Julio 2005

Planeta Comercial

Parece que fue ayer. El barrio en el que vivías, dividido en dos por la vía del tren, distinguía la zona buena de la mala. De pronto, sin comerlo ni beberlo, un día te encuentras una orgía no organizada de grúas mastodónticas con la ilusión de darse el festín de su vida. Un cartel inmenso impide ver la salida y puesta de sol PRÓXIMA APERTURA, CENTRO COMERCIAL. Los meses pasan y esa masa informe de ladrillos y cascotes empieza a parecer hasta bonita. El barrio se unifica, la vía del tren mira con una mezcla de desafío y a la vez respeto a su nuevo compañero de parque y juegos, pero inevitablemente acaba siendo enterrada, la especulación al poder ante todo.

Tus amigos han quedado allí. Te acercas a verlo. Después de todo, nunca habías visto uno, todo es probarlo. Tomas una caña, compras ese regalo que debías a tu madre y aprovechas para comprarte una camiseta nueva para quitarte esa andrajosa que lleva contigo desde antaño. Por 15 € has pasado una buena tarde, has resuelto cuentas con el pasado y te has quitado de encima un recuerdo ¿Quién ha dicho que los centros comerciales eran dañinos con la sociedad en general?

Tal vez deberías empezar a frecuentar sitios así, tu vida iría a mejor. Los días pasan y piensas qué hacías antes de existir tu centro comercial. Pronto se empiezan a hacer más centros alrededor, ya tocamos a un centro comercial por persona.

Pero claro, nadie da duros a cuatro pesetas ¿Alguien te dijo que podías ir a uno de estos sitios sin dinero? Ese hijo de puta del Metro te ha cholado la cartera, corría como un galgo el desgraciao ¿Qué hacías tú que no estabas en el centro comercial? Es lo que suele pasar a las especies que salen de su hábitat natural, que tienden a la extinción. Descubres un pasillo al final de las cajas SALIDA SIN COMPRA. ¿Eso es algo ético? ¿Entrar a un sitio de compras y salirte sin nada? Piensas en pedir un préstamo, llamar a tu casa, alguien te tiene que echar una mano. Compra algo, aunque sea un paquete de condones ¡Ah,no! tu novia te dejó, no soportaba la entrada a esos sitios.

Se hace de noche ¿Hay vida en el centro comercial más allá de las 22:00? Empiezas a dar vueltas desesperado, el cierre metálico te engulle lentamente en un bostezo con un sonido un tanto peculiar, como si te hubiera tocado el Jackpot en una tragaperras de Torrelodones. De pronto ves a Sebas el vigilante, que prácticamente se ha convertido en tu amigo de toda la vida.

- Oye, ¿Qué haces aquí a estas horas?
- Tío, me tienes que prestar algo de dinero, tengo que comprar lo que sea para salir de aquí y volver mañana.
- Pero hombre, ya es demasiado tarde. Acompáñame, que te voy a llevar a un sitio donde puedas pasar la noche.

Confías en Sebas, personas así son de confianza, no te podrían fallar. Sufres un viaje iniciático en el ascensor y te lleva a un cuarto oscuro. No ves nada, sólo escuchas respiraciones a tu alrededor. Una puerta metálica se abre ante ti y tú accedes sin pensártelo dos veces, no puede haber nada peor que el pasillo de la salida sin compra.

Amanece, el cielo en azul pleno indica que es la hora de volver a abrir. Es en ese momento cuando descubres tu paradero. Personas a tu alrededor, los puedes reconocer porque coincides con ellos todos los días en las incontables galerías de esos centros comerciales, cuya superficie ya es superior a la de los bosques y selvas de todo el mundo. Sólo te separa una mampara de cristal de ellos. A través del espejo puedes ver el cartel que hay debajo tuya:

Homo Aberibus (Hombre anticuado). Especie en peligro de extinción. 200 €. Último ejemplar.

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Sobre mí

Monigote rojo en Messenger, nunca estuve cuando fui solicitado. Estrangulador precoz de profesión, rompo los esquemas que intentaron marcarme los dioses y tumbo los semáforos que quisieron robarme los preciados minutos de mi vida. No me digas que se acabó la noche, la anarquía que supone no hacer caso al supremo sol es lo único que me hace falta para sonreír. Para contactar con el irresponsable de esta página: josekbio@gmail.com

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