Yo tampoco lo esperaba

Yo tampoco lo esperaba, pero estas cosas suceden así.
En la semana cultural que cada año se hacía en mi cole representábamos una obra a la que asistían todos los papás y las mamás de los de la clase y las otras clases. La del año pasado tuvo que ser especial, pero no como yo quería que fuera.
Por fin, tras muchos años siendo el último mono del Libro de la Selva, el enanito mudo con cara de estúpido en el cuento de Blancanieves, el lobo apaleado en Caperucita o el encargado de subir y bajar el telón en el baile de fin de curso, por fin yo iba a ser el centro de atención, el blanco de todas las miradas, iba a ser el Peter Pan modelo que todas las seños querrían tener en su clase para darle ese papel.
Entre el público las miradas se dirigieron hacia la puerta principal: mis papás habían llegado. Más que mi madre, la atención plena la acaparaba mi padre, el chico más guapo que pisaba el salón. Pelito corto, mirada azul penetrante, su metro ochenta y sus bíceps marcados en su estrecha camiseta hacían que a las niñas tontas de último curso con su rostros torturados de granos y cremas anti acné se les cayera la baba nada más verle. Definitivamente me gustaba tener un padre modelo, cualquiera de ellas daba su vida por tener al menos un póster de él a tamaño natural en la Super Pop del mes siguiente. Las otras mamás comentaban cosas a lo bajini entre ellas, los papás se enteraban a veces de sus comentarios y les daban leves codazos advirtiéndolas que se estaban pasando. Mis papás no hacían nada de caso a las miradas y comentarios, tan sólo estaban expectantes de mi, de su hijo, el protagonista de la obra, el más arreglado y el más guapo y el que iba a pegar una paliza al Capitán Garfio, el gordo estúpido de último curso que desde hacía un par de años se entretenía en robar los cromos y los bollos al mismísimo Peter Pan, joé, es que así no hay manera, no iba a acabar la colección hasta que me jubilara.
En el descanso se acercó a hablar conmigo, quizás después de muchas penurias y peleas íbamos a acabar siendo amigos.
- Oye ¿Ésos de ahí son tus viejos?
- ¿Quiénes, ésos? Sí, los de la segunda fila... - dije, abriendo un poco el telón y señalando las butacas.
- Pero... ¿Cuántos años tiene tu padre?
- Creo que va a cumplir veinte. - dije, no muy seguro, y empezando a preguntarme a qué venía tanta insistencia.
- Vamos a ver... si tu padre tiene veinte años y tú cumpliste once el mes pasado... ¿Entonces eres un engendro o es que me estás tomando el pelo?
- ¡No, ese es mi padre, lleva viviendo con nosotros desde que tengo seis años!
- Ya... entonces no es tu padre, cuando tú naciste, él no podía tener hijos.
- ¡Mentira, eso es mentira!
- Seguro que todavía te crees que los reyes existen.
Fueron momentos de máxima tensión. No pude contenerme y me lancé hacia él, empujándole contra la parte delantera del escenario. De sobra sabía que los reyes magos eran los padres, pero no consentía que pusiera en duda quién era mi padre, aunque a esas alturas empezaba a sospechar que fuera un rey mago. No me dio tiempo a despacharme a gusto con él, entre otras cosas porque la señorita nos separó y porque él me ganaba en estatura, en peso y en fuerza, y ya estaba empezando a recibir hostias por caridad.
- Pero bueno ¿se puede saber qué es lo que pasa?
La seño estaba realmente cabreada, nunca se había enfadado conmigo porque yo era de los más buenos de la clase. Todos los que estaban allí se quedaron en silencio.
- Nada profe, que dice que ése de allí es su padre y es mentira, es el novio de su madre.
Todo el patio de butacas se podía resumir en ojos y bocas abiertos a más no poder, y al instante miradas hacia las dos personas que se habían convertido en los protagonistas de improvisto del día. Yo me fui corriendo hacia los vestuarios y no quise salir de allí hasta que todo el salón de actos quedó vacío.
Aquella noche vino a mi mente aquel maldito día en el que mi madre y otro hombre discutían a viva voz en la cocina sobre que no estaban ya contentos con lo que tenían y que había llegado la hora de cambiarlo, que todo había llegado a su fin.
- Mamá ¿Qué es lo que hay que cambiar? - dije yo con un hilo de voz, inocencia en estado puro.
- Hay que cambiar... el coche, que ya está viejo.
Yo daba saltos de alegría al ver el nuevo deportivo a estrenar. En un mes no sólo cambié de coche, sino también de casa y de padre, ya no volví a ver al Severiano entrado en kilos y maloliente que se tiraba el día viendo a su Real Betis Balompié y jugando a las cartas con sus amigos. En su lugar había un Jesús recién sacado de una pasarela de modelos sentado al volante de esa máquina, aquel hombre que en los años siguientes me llevaba cada primer domingo de mes al parque de atracciones. Mi vida desde entonces fue a mejor en todos los aspectos menos en el teatral; de nuevo tuve que hacer de arbusto inmóvil en el portal de Belén. Mis papás no fueron a esa representación.

Monigote rojo en Messenger, nunca estuve cuando fui solicitado. Estrangulador precoz de profesión, rompo los esquemas que intentaron marcarme los dioses y tumbo los semáforos que quisieron robarme los preciados minutos de mi vida. No me digas que se acabó la noche, la anarquía que supone no hacer caso al supremo sol es lo único que me hace falta para sonreír.
Rocío dijo
Tan ingenioso como siempre... no sé cómo lo haces, tienes una imaginación desbordante, se te ocurren unas cosas que estoy segura que en un futuro muchísima gente te va a conocer por lo que escribes.
Aunque sigues tan triste como siempre... otra vez el destino te ha clavado una daga ahí donde más duele, justo debajo del escudo del Real madrid que llevas en la camiseta, o sea, el corazón.
Por favor, no te desanimes. Sabes que eres grande, tienes un corazón de los más puros que he visto en mi vida, te entregas en cuerpo y alma a la persona que quieres sin esperar nada a cambio, y espero que sigas así. Esa chica no te merece, no la sigas idealizando porque seguro que no es ni la mitad de lo que comentas. Y si miras a tu alrededor te encontrarás que hay alguna chica que se muere porque la correspondas alguna vez, en uno de esos días bobos que hace un tiempo comentábamos... sabes a quién me refiero ¿No? Pues abre los ojos, que puede que merezca la pena.
Don't worry, Boss, you are the best.
9 Febrero 2006 | 06:46 PM