Setenta veces siete (Historia de un solo punto)
Como hace unos días que no escribo por aquí y estoy bastante líado, tengo bastantes ideas a plasmar pero carezco de tiempo para ello. Por eso os voy a dejar algo que escribí hace tiempo y que me gustó bastante. Se trata de un ejercicio que nos mandaron hacer en una tertulia literaria a la que asistía: Una historia de un solo punto (el punto final). Como siempre dejo las cosas para el último momento, la escribí media hora antes de acudir a la reunión. Me hubiera gustado hacer la historia un poco más larga y me prometí retomarla tiempo después, pero nunca lo llegué a hacer. Espero que os guste.
Cansada de que haga el oso en el sofá me pides que me vaya de una vez, y yo sin muchas ganas, harto de oírte de siempre la misma estrofa, cojo mis papeles y marcho raudo hacia un destino más lejano de lo que a simple vista parecía, pues nada más salir a la calle me encuentro la multita en el coche, y eso que es el día sin coches, debe ser que la policía cuando no tiene nada que hacer con el rabo mata moscas, así que sin mucho tiempo que perder cojo la multa, me la guardo en el bolsillo y voy directo al Metro, que vuela a ras del suelo con la torpeza de los pingüinos, con lo que entre parón y parón consigo llegar a donde quería en dos horas y media, no sin antes tener que regalarle mi reloj a un tipo que con una navaja se ofrecía a cortarle la correa si tenía dificultades al desabrochar la hebilla; con todos estos alicientes te puedes imaginar las ganas de volver a casa y tumbarme en el sofá para hacer un poco de nada mientras veía la televisión, encima hoy había partido de los que hacen historia, pero con solo imaginarme la cara que pones cada vez que hay fútbol o toros por la tele y tu demanda de divorcio al lado se me quitan las ganas de volver por los siglos de los siglos, por lo que entro a la tienda de regalos más cercana y compro una caja de bombones y un ramo de flores tamaño más-te-vale-que-te-gusten-porque-si-no-de-la-hostia-que-te-meto-con-el-ramo-te-vuelo-hasta-las-muelas-del-juicio, originalidad en cuanto a regalos de cero patatero, pero efectividad de diez mas uno, y si no le gustan te los llevo a ti, que a fin de cuentas llevo sin darte una alegría fuera de la cama desde hace un par de años, aunque si no recuerdo mal con el chocolate te salen más granos que a un bombón crocanti y con las flores te entra una estornudera de no te menees, así que si no le gustan los tiro a la basura y santas pascuas, pensando en eso estaba cuando enfrente de la puerta del hospital un camionero despistado viene a rematarme el día con el morro de su Pegaso, volando con las flores como la reina de la primavera, hay que joderse, y encima el tío tiene la desfachatez de decirme que con tanta flor no se me veía a mí, joder, que soy bajito pero las flores no van caminando solas por la calle, desgraciado, mi tibia, mi peroné y mi fémur reducidos a quinientas veintisiete partes semi-iguales, por suerte estaba cerca de urgencias y entre tanto ninoninonino me quedé sopa mientras me llevaban en camilla por aquellos pasillos con neones que imitaban a cigarras, todos descuajaringados, pero cual fue mi sorpresa que al doblar una esquina me encuentro a César, tan sano sanote puro machote, el cual me pregunta que qué hago allí y yo le contesto que coño, que había ido a visitarle a él, que un poco más y no llego vivo a verle, y con mucha prisa se despide de mí diciéndome que le habían dado el alta y que tiene el cumpleaños de su hija y me agradece el detalle de haberle ido a visitar, si no me lo tienes que agradecer a mí, sino a mi mujer, que me obliga a visitar a los enfermos cuando sabe que odio los hospitales, que a veces habla más de la cuenta y que no debería haber deseado que yo estuviera en tu situación, pues tiene un poco de bruja y al final sus deseos se acaban cumpliendo, y aquí me tienes una semana después y sigo en la misma situación, vendado cual Tutankamon de pacotilla y me diagnostican otras tres semanas aquí y tú, cariño, que me recriminas que vaya a ver a mis personas queridas cuando se encuentren mal y tú no cundes con el ejemplo, si aquí el que se queja es porque quiere.

Monigote rojo en Messenger, nunca estuve cuando fui solicitado. Estrangulador precoz de profesión, rompo los esquemas que intentaron marcarme los dioses y tumbo los semáforos que quisieron robarme los preciados minutos de mi vida. No me digas que se acabó la noche, la anarquía que supone no hacer caso al supremo sol es lo único que me hace falta para sonreír.
Javi Sanchez "El otro" artista madridista dijo
cojonuda tu pagina, gracias por tus comentarios y tu apoyo, en absoluto me importa que compartamos nombre y gustos musicales (ademas lo de utilizar el nombre me venía al pelo: planetas, artista por lo de los dibujos y madridista porque soy del compostela jeje) venga un abrazo, y no olvides pasarte por la pagina de la asociacion literaria de la candela de la que soy orgulloso miembro, alli te recibiremos con los brazos bien abiertos.
un abrazo. http://candelero.blogspot.com
29 Noviembre 2005 | 11:18 AM